Les cuento que ayer me sorprendió este libro. Ya hace varios días que disfruto de la lectura de las historias de 8 mujeres que valientemente abrazaron las verdades bíblicas. Estaba inmersa en la vida de Olimpia Morata (si te interesa conocerla, te recomiendo investigar sobre su interesante existencia) cuando me topé con un pasaje extraordinario el cual transcribo:
"... Oh, Dios!, lloro, y se me estruja dolorosamente el corazón. Me siento tentada a recordarle a Dios todos los sacrificios que hemos hecho. De decirle que podríamos estar viviendo en Linz o en Ferrara ahora mismo, seguros y bien mantenidos, si no hubiéramos elegido la fe reformada, si no hubiéramos elegido creer en la salvación por la fe en Cristo solamente, si no hubiéramos elegido darle la espalda a la iglesia y a la misa y a los santos, si no hubiéramos elegido defender la lectura de la Biblia en nuestro idioma nativo. De decirle a Dios que vinimos a Schweinfurt no porque ofreciera el mejor puesto sino porque queríamos adorarlo libremente. De decirle a Dios que merecemos una respuesta mejor a nuestros sacrificios que ser sitiados por un lado y estar a merced de bandidos saqueadores por otro lado. De decirle a Dios que Andrés merece ser sanado.
Pero esto no es lo que derramo a Dios, porque no puedo reprocharle. Sé que, si tuviera que elegir de nuevo, elegiría el mismo camino. Las verdaes que abracé me liberaron, y nunca podría darle la espalda a ninguna de ellas. Vivir en medio de luz pura es una bendición incomparable. No oraré como si Dios estuviera en deuda conmigo, por no lo está. (la cursiva en mía) Yo soy quien está en deuda con él.
Así que, en vez de esto, decido recitar un salmo como oración, el Salmo 46 (aquí se produjo mi gran asombro. El Salmo 46? Justamente el Salmo que tocaba en la lectura del programa Reavivados por Su Palabra el día que estaba leyendo estas líneas? Y sintiendo que cada expresión de la autora, que dió voz a Olimpia, era la mía. Cuán asombrosos son los caminos divinos, verdad?), que traduje recientemente y habla a las profundidades de mi alma: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por eso no temeremos, aunque la tierra sera removida, aunque se traspasen los montes al corazón del mar".
Estas palabras me dan consuelo inmediatamente. Sigo diciendo el salmo, reclamando cada verso como una promesa, un tesoro. "Hace cesar las guerras hasta los fines d ela tierra. Quiebra el arco, corta la lanza y quema los carros en el fuego. "Estén quietos, y conozcan que yo soy Dios".
Al decir estas palabras, recuerdo que la guerra en la que estamos atrapados está en su mano. Estate quieta, Olimpia, me digo mientras los gemidos suaves y afiebrados de Andrés llegan a mis oi3dos. Estate quieta y conoce que él es Dios.
Repito el último verso del salmo y me aferro a la promesa que tiene, como un náufrago se aferra a un pedazo de madera en medio de la tormenta enfurecida. "El Señor Todopoderoso está con nosotros! Nuestro refugio es el Dios de Jacob!" Me pongo de pie y voy hasta Andrés. Lavo su frente con un paño frío, sabiendo que solo la intervención de Dios salvará a mi esposo.
- "El Señor Todopoderoso está con nosotros! Nuestro refugio es el Dios de Jabob!"- murmuro junto a Olimpia. Y agradezco a ese Dios maravilloso por haber guiado al Rey David a escribir el Salmo 46 (hablaré de este texto en otro post), a Suki en 2020, y por haberme permitido tener esta experiencia.
Marina 💖
